El Castillo de Windsor, situado en el condado de Berkshire en Inglaterra, destaca por su antigua relación con la familia real británica y por su tan interesante arquitectura.

Inicialmente estaba destinado a ser un castillo medieval que se comenzó a erguir en el siglo XI, justo después de la conquista de Inglaterra por parte de Guillermo I el Conquistador.

Fue desde la época del siglo XII, misma en la que Enrique I de Inglaterra reinaba, cuando el castillo albergaba a los monarcas británicos, esto convierte al castillo de Windsor en la segunda residencia real europea de ocupación con más antigüedad, quedando detrás del Real Alcázar de Sevilla.

El castillo de Windsor era originalmente una fortificación con tres murallas en torno a un baluarte montículo central utilizado por los conquistadores normandos en las afueras de Londres para así dominar la zona estratégicamente.

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El castillo de Winsdor comenzó su construcción gracias a Guillermo I el Conquistador, una década después de que se llevara a cabo la conquista normanda de Inglaterra en el año de 1066. Guillermo I el conquistador hizo que se crearan las fortificaciones alrededor de Londres, con la finalidad de enviar refuerzos y tener un control con más eficiencia en el territorio.

El castillo formo parte del anillo defensivo que Guillermo I el conquistador, ordeno que existiera alrededor de Londres. Al inicio, el castillo Windsor no cumplía la función de residencia real, la realeza prefería habitar en el anterior palacio de Eduardo el Confesor. El primer monarca que realmente vivió en el castillo Windsor fue Enrique I.

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El complejo arquitectónico ha sobrevivido al violento periodo de la Guerra Civil inglesa, en ese momento histórico el castillo fue utilizado como cuartel de las fuerzas militares parlamentarias y también fue utilizado como la prisión de Carlos I.

Con ayuda del arquitecto Hugh May, Carlos II comenzó la reconstrucción de gran parte del castillo, así mismo creo una extensa cantidad de extravagancias barrocas en su interior para deleite de lo que hoy en día sigue siendo parte destacada del castillo. Sin reparar en gastos, el castillo fue restaurado gracias a la intervención de Jorge III y Jorge IV, posterior al descuido que se le tuvo al complejo arquitectónico durante el siglo XVIII.

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El castillo cumplió una función muy distinta durante el siglo XIX, la reina Victoria realizó cambios menores al castillo con la finalidad de emplearlo como centro de entretenimiento real. El castillo de Windsor sirvió como refugio de la familia real durante los intensos bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

La entrada para visitar el castillo de Windsor tiene un precio aproximado de 25 euros por persona, dependiendo de las opciones elegidas en la visita, que incluye una audioguía disponible en español. Sin duda una visita imprescindible donde no puedes dejar de ver la capilla de San Jorge, donde está enterrado el rey Enrique VIII.