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El Museo del Prado en Madrid abrió sus puertas después de casi tres meses cerrado a causa del coronavirus. Cómo es lógico, no se puede volver a abrir en las condiciones anteriores a su cierre. Ahora hay que tomar las debidas medidas de seguridad.

La exposición «Reencuentro» da la bienvenida al visitante.

El Museo del Prado como nunca antes se mostró.

Es como si estuviéramos presentando el Museo del Prado en forma de perfume, con toda su esencia concentrada en un espacio relativamente reducido. Aproximadamente una cuarta parte de todo el conjunto museistico.

Es curioso descubrir que esto es casi lo que era el Museo cuando se inauguró por primera vez en 1819.

La densidad por metro cuadrado de obras de arte en el Prado es normalmente mucho más alta que en cualquier otro museo, pero ahora aumenta exponencialmente.

A lo largo de la Galería Central y en las salas adyacentes habrá una concentración de obras en términos de calidad con un tipo de disposición bastante diferente que hace referencias conscientes a la colección a través de nuevas combinaciones.

Todos tenemos nuestro Prado imaginario en la cabeza; todos tenemos nuestras obras maestras, obras absolutamente imprescindibles del Museo del Prado.

¿Quién no se ha imaginado en algún momento ver el Saturno de Rubens junto al Saturno de Goya? ¿Quién no ha pensado en ver la Anunciación de Fra Angelico frente al Descenso de Van der Weyden?

Tantos favoritos, tantas pinturas maravillosas han quedado fuera de esta instalación. Creo que esa es la grandeza del Museo.

Esta instalación va al ADN de lo que es la colección del Museo. Aquellos rasgos distintivos del Prado que son los que han hecho del Prado el MUSEO en mayúsculas.

Se trata de eso: de esa notable concentración de obras maestras y hasta de ese estatus autorreferencial que tiene el Prado, un museo formado a partir de pintores mirando a otros pintores.

Entonces, en muy poco espacio vemos estos diálogos establecidos entre pintores que vivieron en tiempos y lugares completamente diferentes. La forma en que Rubens miró a Tiziano, Velázquez miró a Rubens y Goya absorbió todo lo que vio en la antigua colección real española nunca ha sido más elocuente.

Por mucho que hayamos visitado el Prado, nunca lo habíamos visto así antes y por mucho que volvamos al Museo del Prado en el futuro, sin duda nunca lo volveremos a ver así.

Una concentración de obras maestras verdaderamente irrepetible.